El coche está preparado, no cabe nada más. Están metidas las sillas, la sombrilla, los bocadillos van en la nevera con las latas de cerveza. Los niños ya están abrochados, y aunque el aire acondicionado está al máximo, se quejan porque tienen la espalda empapada en sudor. Qué mejor forma de aprovechar el domingo libre que ir a la playa a echar el día. El salpicadero del coche marca cuarenta grados en el exterior. El volante está ardiendo y esperan unos minutos antes de salir a que se enfríe. Y tras unos minutos en la autopista, los sorprende una larga cola de coches con familias que compartieron esa mañana una misma idea: huir por patas de la calor asfixiante de sus hogares.

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