Tras las lonas amarillentas de la caseta, el aire ha dejado de oler a azahar y ahora sabe a manzanilla. Desde la entrada se escucha un rasgueo de guitarra y el sonido de unas palmas al compás de sevillanas. El cielo se ha llenado de farolillos, el polvo se levanta con el taconeo y los caballos relinchan bajo el sol. Dos enamorados acercan sus rostros durante los careos mientras los fuegos artificiales iluminan el cielo.
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