Cuando redactamos sobre un pequeño cartel cualquier aviso o información para colocarlo en un lugar público (como un ascensor, los servicios de un bar, un puesto de verduras o el portal de un bloque de pisos), disponemos de varios procedimientos para conseguir que el texto resulte visible o llamativo.Podemos escribir con mayúsculas, aumentar el tamaño de las letras, subrayar una palabra clave, emplear colores, etc., pero las comillas no sirven para dar realce o especial importancia a las palabras que encierran. No son herramientas gráficas, sino ortográficas, y tienen sus valores codificados, exactamente como una coma o una signo de admiración. En general, indican que las palabras entrecomilladas pertenecen a un texto ya escrito o se toman en un sentido especial. Así, ponemos comillas para abrir y cerrar citas textuales, o sea, para traer a nuestro texto expresiones que no son nuestras: reproducimos el texto de una ley, una frase brillante de un pensador o el título de un libro. Pero también entrecomillamos expresiones irónicas, incorrectas o palabras que, en general, tienen un sentido distinto al que le damos normalmente (qué «listo», «melón» tiene dos sílabas, ha dicho «comío»).

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Fernando Soler

Soy filólogo y profesor jubilado de Secundaria. Ejercí muchos años en el «Cristóbal de Monroy». Participé en la reunión fundacional de La Voz de Alcalá y colaboro en este periódico desde 2006....