Los historiadores del futuro —en caso de que los haya— contarán que a comienzos del siglo XXI cada vez más gente inclinaba la cabeza en un ángulo similar al de las farolas blancas de la calle Silos y caminaba por la calle mirando la pantalla de su teléfono y tropezando con árboles y bordillos, cayendo a fuentes, rodando por escaleras o dándose de frente con otras personas cabizbajas. A este peatón distraído se le empieza a llamar smombie, palabra que combina los dos primeros sonidos de smartphone con los últimos de zombie. Los zombies del teléfono. No sabemos si esta palabra, tan expresiva en su origen, prosperará. Con los neologismos, que así se llaman los nuevos vocablos, nunca se sabe. Por eso la Academia, antes de colocarla en el diccionario, prefiere ser cauta y observar si el uso las va extendiendo y asimilando o si al fin las rechaza como moda pasajera.

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Fernando Soler

Soy filólogo y profesor jubilado de Secundaria. Ejercí muchos años en el «Cristóbal de Monroy». Participé en la reunión fundacional de La Voz de Alcalá y colaboro en este periódico desde 2006....