En contra de lo que decimos a los niños en el colegio para simplificarles las cosas, todas las palabras son abstractas, es decir, reúnen en un único concepto la variedad ilimitada de las cosas. Todos los fuegos, el fuego, dice el título de un relato de Julio Cortázar, quien en un poema nos advierte que el vocabulario está «lleno de compromisos con lo abstracto». De todas maneras, hay palabras, como árbol, que pueden designar realidades tangibles y otras que, como libertad, nos apuntan directamente a la cabeza, a nuestras ideas.

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Fernando Soler

Soy filólogo y profesor jubilado de Secundaria. Ejercí muchos años en el «Cristóbal de Monroy». Participé en la reunión fundacional de La Voz de Alcalá y colaboro en este periódico desde 2006....