Con frecuencia no usamos los diminutivos para referirnos a lo pequeño, sino para dar un matiz afectivo a la expresión. Los andaluces conocemos de sobra estos empleos y aceptamos con naturalidad que Manolito pueda ser un enorme cincuentón gordo y calvo. En los textos flamencos aparecen incluso diminutivos aplicados a nombres con significación aumentada, como en «Esto no se hace / con el mayor enemiguito del mundo», donde ese enemiguito es precisamente el mayor posible.

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Fernando Soler

Soy filólogo y profesor jubilado de Secundaria. Ejercí muchos años en el «Cristóbal de Monroy». Participé en la reunión fundacional de La Voz de Alcalá y colaboro en este periódico desde 2006....