Nos parecía imposible un pensamiento ultraderechista tipo Trump o sus acólitos en Alcalá, un municipio siempre gobernado por la izquierda, desde los siglos pasados, por ser un pueblo de trabajadores (ver artículos míos): incluso en los años de la «alternancia», liberales/conservadores siempre votamos al progresista Sagasta y nunca a Cánovas del Castillo. Un segundo motivo ha sido la especialísima superioridad de las alcalareñas por encima de los varones, impropio de la derecha ultra. Si nos adentramos en investigar, con juicio crítico y cosmopolita, lo que está aconteciendo en el mundo entero: cambios de temperatura, lluvias torrenciales nunca vistas, etc., etc., y, a la vez, un avance en la igualdad mujer/varón, libertad sexual, respeto a ese gran porcentaje de homosexuales, mayor conciencia del buen uso de la naturaleza, del ejercicio físico, horarios del trabajo, el «no a la guerra»… nos sorprende que dominen el mundo precisamente Putin, Netanyahu y, sobre todo, Trump… precisamente los enemigos de estos valores positivos.

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