Cuando se habla de autocuidado, solemos pensar en darnos un masaje, irnos de viaje, comprarnos ropa que nos haga sentir atractivos o dedicar tiempo para hacer deporte o ir al cine. Y, sin duda, es una manera de cuidarnos, de dedicarnos tiempo para sentirnos mejor y más relajados y para poder ver en el espejo una imagen más bonita de nosotros mismos. Pero el autocuidado es mucho más complejo. Implica un respeto a nuestras necesidades, a lo que merecemos, a saber parar para escuchar nuestro cuerpo y lo que nos dice. Es darle importancia a nuestras emociones y darles el valor que tienen. Es entender que, a veces, necesitamos limpiar nuestro entorno de personas o situaciones que nos hacen daño o nos bloquean. Es saber superar el miedo a tomar decisiones, entendiendo que nuestra salud mental y nuestra calma llegarán después de la tormenta, y nos sentiremos más capaces de sobrevivir a cualquier cosa.

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