Cada año ocurre lo mismo. Ese miedo indefinido ante la declaración de Hacienda para todos los que tenemos un sueldo o una pensión y, además, se nos ha ocurrido hacer algo con nuestros ahorros: rescatar un plan de pensiones para comprarnos algo que siempre hemos deseado, ayudar económicamente a un hijo en apuros o intentar incrementar nuestro patrimonio mediante algún producto financiero propuesto por el banco. Cualquier movimiento de dinero está controlado. Todo hay que declararlo.

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