Las elecciones autonómicas –al igual que las estatales y, en menor medida, las locales- han perdido el interés que tenían antaño. Ahora, los sondeos y las encuestas repetidas hasta la saciedad en uno y otro lado, pronostican, anticipan y casi retransmiten en tiempo real los posibles resultados. Es cierto que también yerran, pero su margen de precisión es cada vez mayor. Esto, unido al uso de la IA, está quitando toda la emoción a los comicios. Y eso se nota también en las campañas.

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