El humanista Fray Luis de León escribió que Platón, con toda su grandeza, hablaba en la lengua «que mamaban con la leche los niños». Lo que aquí se dice de Platón aplíqueselo cada hijo de vecino: hablamos lo que mamamos. Y existen las mismas razones para sentirnos orgullosos de hablar andaluz que para presumir de ser rubios, zurdos o zamoranos. Pero tampoco tiene sentido la actitud contraria. Nadie debería avergonzarse de la variedad lingüística que aprendió de sus mayores. El valor secundario que suele darse a la palabra dialecto alimenta este complejo de inferioridad. Piensan muchos andaluces que, maldita sea, tienen la mala suerte de hablar un dialecto, mientras que el locutor del telediario, que por lo menos será de Burgos, habla una lengua.

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Fernando Soler

Soy filólogo y profesor jubilado de Secundaria. Ejercí muchos años en el «Cristóbal de Monroy». Participé en la reunión fundacional de La Voz de Alcalá y colaboro en este periódico desde 2006....