Antonio Núñez y María Benítez en la atajea, frente a la entrada del terreno. Alfonso Álvarez-Dardet

Antonio Núñez se levanta cada día a las siete de la mañana en su piso situado en la calle Panadero. Desayuna y se va a su segunda residencia, situada entre Cruz de Marchenilla y el río Guadaíra. Allí, pasa las mañanas dándole de comer a los animales: varias gallinas, algunos pájaros y tres perros, además de quitar los hierbajos. Hace ocho años compró el terreno con su mujer y sus dos hijos, que incluía un molino. Le quedaba por delante mucho trabajo, ya que el antiguo propietario lo usaba de vaqueriza y se encontraba en un estado bastante abandonado. Pero eso no le quitó las ganas de rehabilitarlo para hacerse una vivienda.

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