Pasadas las cuatro de la tarde, un niño sale de la puerta de su casa mientras sus padres duermen la siesta. Sus amigos lo esperan en la puerta como cada día desde que empezó el verano. Ninguna de sus madres puede enterarse de aquello que cada tarde el grupo planea silenciosamente; de saberlo, no volverían a pisar la calle por un tiempo. Buscando la sombra de los pinos, descienden por el parque empapados en sudor.

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