El calor lleva azotando en el asfalto toda la tarde. Los ventiladores del interior de las casas han pasado horas conectados moviendo un aire caliente insoportable. Las mujeres sacan los abanicos y los niños comen helados tumbados en el suelo, lo único que aún sigue algo fresco. Como cada tarde desde que comenzó junio, los vecinos sacan sus butacas anticuadas a la acera para ponerse al día tras toda una jornada resguardados del calor. Las puertas, abiertas por la confianza que otorgan esos años viviendo pared con pared, dejan entrar la brisa por el umbral recorriendo el zaguán.

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