Quién me iba a decir a mí que iba a acabar un día aplaudiendo a la policía... Pero lo que sucede plantea un cambio tal sobre lo que pensamos, sobre nuestras intenciones, que se vuelve verosímil lo que parecía increíble. Porque a qué otra cosa estamos asistiendo sino al final de las certezas y el mundo de seguridades sobre el que se asentaba el horizonte vital de las culturas occidentales.

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