Solo por obra y gracia de Carmen Troncoso de Arce, la memorable actividad teatral desplegada en el instituto Cristóbal de Monroy en los setenta tuvo continuidad y razón de ser durante los años de la llamada «movida». Siempre a la vanguardia de la promoción del teatro escolar es preciso recordar su colaboración con el hoy injustamente poco recordado Alfonso Jiménez Romero en la dirección de La Oruga Parlanchina. Pero es, con todo, a bien seguro Aula de Teatro su creación más preciada. El grupo de teatro del instituto que logró consolidar gracias a aquella asignatura de kilométrico nombre a la que se conocía por sus siglas E.A.T.P. y a su voluntad de contagiar la pasión por el teatro a los jóvenes. Un proyecto cuya identidad e imagen acabo siendo reconocida para propios y extraños. Una experiencia que, en suma, fue decisiva para la vida de muchos y las carreras de otros tantos como, por ejemplo, la de David Fernández Troncoso, Sergio Casado o Chus Gómez. Empezando porque aún imberbes formarían la compañía de actores profesionales Titirimundi.

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