En más de una ocasión he oído decir que el olor de cada hogar es único y es cosa particular que solo nos percatamos de esto al entrar en la vivienda de los otros, porque el olor de la casa propia permanece olvidado durante décadas en un rincón de la memoria, hasta que un soplo aromático, como un sortilegio, puede revelar elocuentemente el lugar en el que nos criamos.

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