Decididamente, en el combate por la Historia de la Transición la ficción parece estar ganándole la partida a lo no ficción. Así, avivado con gran pompa y boato desde los medios como el hecho más cuestionado de nuestro tiempo, su relato histórico está pasando de ser un género literario a ser un subgénero televisivo donde el debate, más que un supuesto, es una falacia que responde a la lógica de la mera publicidad sin que jamás llegue a ser práctica compartida. Una farsa teatral que comienza con la misma composición de la mesa de tertulianos. Pues, bien es verdad, cuentan siempre con algún «intelectual crítico», pero su misma soledad revela tanto el orden asimétrico de la relación como el error de apreciación del que piensa se escucha a todo el espectro social. Mismamente, al igual que ocurre en la ficción literaria, no hay tertulia que se precie donde tan pronto como se la interroga los tertulianos se posicionen a favor o en contra. Luego, televisivamente solo se debate entre lo «verdaderamente falso» y lo «falsamente verdadero», y de no ser porque la invención del pasado en el relato historiográfico aún se dilucida entre la tesis y los hechos la historia sería simple entretenimiento.

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