Es, seguramente, Pío Baroja el escritor que mejor supo retratar la pobreza en la España de la Restauración. Pobreza a la que llamaba «comunismo del hambre», por estar repartida entre casi todos. Pobreza de la que, en el orden de las idas, se aprovechan por igual, advertía Azaña: «unos, por anarquismo; otros, por casticismo agarbanzado, que siempre están soñando con el reinado de Isabel la Católica». En suma, todo lo que en su época, al abur de Joaquín Costa, se llamó regeneracionismo. A «la moda –diría el joven Unamuno– (que) es ahora lo de la regeneración». Sea como fuere, hay en La busca, novela de 1904 con que Baroja inaugura la trilogía de La lucha por la vida un pasaje pensando para el historiógrafo del porvenir. Ahí Don Pío avisa sobre cómo aquello tan grandilocuente de la «regeneración de la raza española» quedó para nombrar la zapatería de «un rincón de los barrios bajos, en donde lo único que se hacía era reformar y regenerar el calzado». Porque la idea de que España necesita «regenerarse» no es actual ni reciente, es más bien común a la mayoría de quienes piensan y se plantean el problema de «España» al menos desde finales del XIX. Aunque, en el fondo, lo de la «regeneración nacional» no sea más que una falacia con que se ocultan los verdaderos problemas de la gente. Una palabra fetiche que encubre un programa ideológico ideado por los ricos, pero destinado a los pobres. En todo caso, a la hora de juzgar el devenir de uno de los ideologemas que han venido marcando nuestra contemporaneidad, se debería no olvidar cómo la praxis regeneracionista dio lugar al fascismo primorriverista. Más si se olvida, como cualquier otro producto de moda, tiene derecho a una segunda oportunidad. O acaso no están los que dicen vienen a regenerar la democracia coqueteando con Vox, a la par que proponen, según leo en la prensa, «una Consejería de Regeneración para luchar contra la corrupción en Andalucía». En fin, la cultura, en sí misma, no libera del oprobio. Empero, cuánto nos ayudaría la lectura de nuestros clásicos en la desactivación de las palabras trampas.

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