«El resultado es una memoria autocomplaciente con el pasado, donde hechos históricos comparecen para justificar el presente como el mejor de los tiempos»

Si todo acto de conmemoración implica la existencia de algo digno de «memorar», toda Constitución democrática, nacida de la libre voluntad de un pueblo, merece sin duda ser conmemorada. Otra cosa es que el sinfín de homenajes en actos oficiales, las celebraciones sin descanso por todos los rincones de la geografía ibérica como los que ha recibido la Constitución de 1978 por su 40 aniversario, justamente coincida con un debate sobre la necesidad de su reforma.

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