Fue ayer, cuando estaba amaneciendo, un día cualquiera de un año nefasto, en un lugar perdido, en una habitación vacía, en la cochera casi en penumbra, en un bosque recóndito, a la orilla de un río, subiendo las escaleras, debajo de un puente abandonado y frío… se paró el reloj, no pudo, no quiso continuar y se perdió el latido.

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