Casi dos años de pandemia debían ser suficientes para que todos hubiésemos aprendido a sufrirla y sacar consecuencias. Los sociólogos han hablado de un periodo de reflexión, Francisco lo ha calificado de tiempo de «prueba». La sociedad ha respondido bien en su conjunto, aún a costa de suprimir espectáculos públicos, procesiones y todo lo que sea agrupación masiva de personas; se han respetado las distancias, aceptadas las mascarillas.
Desgraciadamente una minoría ha despreciado el tiempo de aprender. Los vemos diariamente en la TV, alborotando pueblos y ciudades, si es posible en los lugares más céntricos, insultando a la policia que los disuelve y gritando «Viva el alcohol». Son jóvenes, pero también cuarentones o cincuentones con ganas de juerga.

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