El relato de la invasión de España, por seis u ocho mil marroquís, el pasado martes, día 18 de mayo, sería increíble si no lo hubiésemos visto en directo: hombres, mujeres y niños llegando desfallecidos a la playa de Ceuta (para ellos, el Paraíso), a nado o en lanchas, impulsados por su Gobierno a un desafío que pudo terminar en lo peor, de no haber sido por la serenidad, humanidad y dignidad de nuestras fuerzas armadas, encargadas de defender el territorio nacional.

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