Tenemos un nuevo jefe de la Policía Local y antes de que le haya dado tiempo de lavar su recién estrenado uniforme ya le han llovido las críticas. Según la asociación de mandamases de las Policías Locales de Andalucía, este nombramiento «injusto, arbitrario y discriminatorio» desde la Alcaldía de Alcalá de Guadaíra, produce entre los miembros de la plantilla «desencanto, desmoralización y desestructuración». Me ha faltado poner el «sin comentarios». En un afán de preservar el corporativismo dentro de la Policía Local, esta no puede entender que sus mandos superiores provengan de otros cuerpos y fuerzas de seguridad, llámense Policía Nacional o Guardia Civil. Huele, que quieren que les diga, a envidia, no a justificados celos profesionales. El colmo del sinsentido según esta asociación, es que nuestro nuevo jefe es «militar». Toma ya. Como si ser del Benemérito Instituto fundado por el Duque de Ahumada en 1844 y dependiente del Ministerio de Defensa, fuera un problema para la seguridad. Pues no. Nuestro nuevo jefe de la Policía Local es un capitán de la Guardia Civil hecho y derecho, al que, como ciudadanos que pagamos nuestros impuestos locales, no le vamos a pedir cuentas por su pasado, que nos imaginamos fue intachable, sino por su futuro al frente de la plantilla. Ni sus numerosas condecoraciones por el trabajo realizado, ni su licenciatura en Derecho, le habrán llovido por ser «hijo de» o «militante de», a lo que más de uno aquí está acostumbrado. «Gato blanco o gato negro, qué más da, lo importante es que cace ratones», afirma un famoso proverbio chino. Eso es lo que le demandamos en su nueva tarea, señor Solano, que cace «ratones», a los que son amigos de lo ajeno, y a los enemigos de la convivencia y el desarrollo pacífico de este pueblo.

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Romualdo Maestre

Romualdo Maestre

Periodista del diario ABC desde 1989. Alumno becado por el Foreign Office en Londres, fue profesor de Opinión Pública en el Instituto Europeo de Estudios Superiores de Madrid