Poco más le quedaba de margen de maniobra a nuestras abuelas, bisabuelas y tatarabuelas, incluso a muchas de nuestras madres… Si se casaban y no sacaban en toda su vida los pies del plato, es decir, se dedicaban a sus familias y a sus labores sin otra perspectiva social o laboral que ser las de clase alta: mujeres florero, las de clase media; ayudantes sin paga ni reconocimiento del negocio de sus maridos, y las de clase baja, siervas y esclavas, entonces engrosaban el gran grupo de las santas.

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Cristina Martínez

Cristina Martínez

Escritora y columnista de La Voz de Alcalá.