A aquellos de nuestros padres que tuvieron la suerte de ir a la escuela les enseñaron que la letra con sangre entra. De hecho, el maestro utilizaba una vara y, cuando el alumno mostraba una actitud díscola, le pegaba un trallazo en la mano extendida para mostrarle quién mandaba allí.

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Escritora y columnista de La Voz de Alcalá.