Editorial La Voz de Alcalá

La Comisaría de la Policía Nacional en Alcalá está viviendo una situación que, a ojos del ciudadano, resulta bastante inusual y anómala. El comisario, que apenas lleva unos meses en el puesto, no cuenta con el agrado de la plantilla. El enfrentamiento es total. Los trabajadores, en este caso los agentes de la Policía Nacional, denuncian a través de los sindicatos «maltrato» y «presiones». Las bajas médicas están aumentando por estas circunstancias, lo que provoca una merma de la plantilla y, por tanto, de los servicios. Por otro lado, el sindicato de los mandos policiales respalda la labor del comisario Elías Manuel Navarro. La Subdelegación del Gobierno por otra parte resta importancia a la situación, al menos públicamente. Los trabajadores piden el cese inmediato del jefe y este prepara las maletas para irse a la embajada de España en Senegal como agregado del Ministerio del Interior. Esta salida, según el prisma desde el que se mire, puede interpretarse como un premio o como un castigo. Otra circunstancia es la falta de estabilidad en los mandos al frente del Cuerpo Nacional de Policía en Alcalá. Dos comisarias y un comisario en dos años. No es buena noticia que la comisaría de Alcalá se convierta en una trituradora de comisarios y que sea un destino ingobernable y poco atractivo.

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