En la primera legislatura de la Segunda República (1931-1933) hubo tres parlamentarias (Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken). En aquella época la mayoría de los diputados de izquierda se oponía a concederle a las mujeres el derecho a votar por considerar que estaban muy influidas por la Iglesia y, por consiguiente, apoyarían a la derecha. El 1 de octubre de 1931 el sufragio femenino fue sometido a debate y votación en el parlamento. Destacaron las intervenciones de la liberal Clara Campoamor (del PRR), la defensora más entusiasta del voto de la mujer, y de Victoria Kent (del PRRS) que se manifestó en contra. Margarita Nelken también se opuso. El médico y diputado republicano gallego Roberto Novoa llegó a afirmar en las Cortes: «el histerismo no es una enfermedad, es la propia estructura de la mujer». En 1908 había publicado su libro intitulado «La indigencia espiritual del sexo femenino».

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Javier Jiménez

Profesor de Bachillerato. Miembro fundador de la Asociación Padre Flores y autor de numerosos trabajos de Historia local.