Espuma en el Guadaíra / Salvemos el Guadaíra

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El grupo de ecologistas Alwadi-ira se ha mostrado en contra del proyecto de trasvase de agua de la EDAR de La Ranilla hasta el molino de La Aceña en el río Guadaíra. En diciembre, el Pleno aprobó por unanimidad un documento técnico presentado por Emasesa, el Ayuntamiento y la Universidad Pablo de Olavide en el que se proponía la instalación de una tubería que permita bombear agua desde La Ranilla al río para que sirva de aporte al caudal al Guadaíra durante los meses de verano.

Los ecologistas valoran positivamente el interés por mejorar las condiciones ecológicas del río, sin embargo, considera que «el informe contiene importantes carencias de coherencia interna y rigor científico, que responde a una visión cortoplacista y parcial del problema, y que no se ha realizado un estudio profundo y serio de los costes y beneficios en su ejecución».

En el informe, según los ecologistas, se indica que cuenta con el visto bueno del organismo gestor de la cuenca del Guadaíra (Confederación Hidrográfica del Guadalquivir); sin embargo, en otro apartado se contradice al indicar que «se va a necesitar el permiso de dicho organismo (CHG) para que la ejecución de la obra discurra por el Dominio Público Hidráulico (la margen derecha del río Guadaíra)». También denuncian que «el documento carece de rigor científico en la justificación de la ejecución del proyecto, pues no valora los impactos negativos que el mismo ocasionaría en el sector fluvial afectado»

«La propuesta se basa en una visión cortoplacista y parcial de un problema demasiado complejo», lamenta el grupo ecologista. La propuesta «obvia la importancia del régimen natural de los ríos mediterráneos en los que el periodo de estiaje forma parte de su dinámica natural. Por tanto, las comunidades de seres vivos que forman sus ecosistemas están adaptados a una marcada estacionalidad en el volumen de caudal, especialmente en verano».

Desde la asociación indican que el caudal de los ríos está compuesto no solo de agua sino además de sedimentos, nutrientes y materia orgánica. En consecuencia, «perturbar la dicha dinámica hidrogeomorfológica supondría una importante modificación de la configuración del cauce por la alteración de las tasas de erosión, transporte y sedimentación ». A juicio de los ecologistas, repercutiría en los procesos bioquímicos interdependientes que tienen lugar en el ecosistema fluvial.

– El documento en sí no incorpora aspectos decisivos para considerar su viabilidad, puesto que desconoce las características físicas y químicas del efluente que alimentará al caudal en el sector afectado. Por tanto, ignora los niveles de oxígeno, salinidad, pH o temperatura que tendrá el caudal procedente de Ranilla que provocará importantes alteraciones en el ecosistema fluvial, donde existen comunidades bióticas que son especialmente sensibles a dichos parámetros.

En relación a la ejecución de la obra, Alwadi-ira advierte de que, si para instalar la tubería por el Dominio Público Hidráulico (DPH), que abarataría bastante el coste de ejecución, es necesario arrasar con buena parte de la vegetación de ribera de la margen derecha del Guadaíra, «quizás el proyecto no debería, si quiera, considerarse».

En este sentido, recalcan los ecologistas la importancia de la vegetación de ribera en relación con el mantenimiento de la calidad del agua, la estabilidad de las márgenes en relación a la dinámica hidrogeomorfológica y los servicios ambientales.

En relación a la cuantía de la inversión presupuestada en el propio proyecto, en Alwadi-ira consideran un «despropósito» solicitar unos cuantiosos fondos europeos para un proyecto de solución parcial que «no solucionaría nada a largo plazo, más que la creación de una imagen artificial destinada a su explotación como recurso turístico sin otra finalidad». En cambio, se estima que «una inversión así tendría más sentido actuando, con una visión más global e integral en la cuenca», por ejemplo, «investigando y denunciando todas las captaciones ilegales de caudal para riego, así como la presencia de pozos ilegales que han esquilmado el acuífero de la campiña, reforestando las decenas de kilómetros de los diferentes cauces que forman la red hídrica y que carecen de vegetación de ribera, invirtiendo en mejoras técnicas de las estaciones depuradoras existentes u ordenando los usos agrícolas ilógicos presentes en la cuenca (sistemas de riego en intensivo) en una zona deficitaria de recursos hídricos.          

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