En aquellos cines de Alcalá, allá por 1951, 52, 53… las películas duraban poco en cartel, dos o tres días a lo sumo, ya que la mayoría de la gente trabajaba de lunes a sábado, en muchos casos percibiendo un salario bajo, por lo que el número potencial de espectadores era limitado. Solamente cuando se estrenaba una película fuera de lo común, del tipo de Lo que el viento se llevó, Rebeca o Quo Vadis, permanecía durante al menos una semana en la cartelera, ya que entonces acudía mucho más público. Y cuando la película se había rodado en Alcalá –Un caballero andaluz, por ejemplo– el cine se llenaba, debido a la natural curiosidad de los vecinos. Con todo, los empresarios se afanaban por hacer publicidad, pues aparte de los carteles que se exponían en las paredes, por la calle se repartían afiches o «prospecto», del tamaño aproximado de media cuartilla, con fotos y detalles alusivos al filme y a los actores. Un caso especial fue la película Colt 45, cuyos afiches, en forma de revólver, nos disputábamos todos los niños. Aquellos locales proyectaban películas todos los días del año, excepto Jueves y Viernes Santo.

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