Si la eterna Roma tuvo sus calzadas, sus carros y carretas, y los peregrinos de Santiago sus santos caminos, tiene Alcalá de Guadaíra, para gloria de la calle Herreros y ruina de amortiguadores, la inmortal «Ruta de los Badenes». Desde los altos del Golán, en la entrada de la carretera de Mairena y pasando por la calle Bailén, discurre tal empresa, que hable y no calle para siempre, pues parece cordillera recién nacida del capricho de los titanes. Allí, cada cien metros y sin dar tiempo a meter la tercera marcha a las puertas del Zambra, levántase un montículo tan soberbio que el conductor duda si conduce automóvil o galera destinada a cruzar los Andes cual Aníbal o rampante Napoleón.

CONTENIDO EXCLUSIVO

Hazte socio. Si ya lo eres y aún no tienes claves pídelas a [email protected]

Si ya eres socio inicia sesión