Tahona en la panadería de Dolores Oliveros. Lva

Cualquier día nos hemos cruzado por la calle Mairena con un señor de edad difícil de precisar, por su envidiable aspecto físico a los 97 años de edad: estatura media, delgado, cuidadosamente peinado, derecho como una vela y elegantemente vestido con sencillez. Si sabes que se trataba del molinero Juan Guillén Sánchez, te alegrarás de tener delante a un alcalareño que nos vincula directamente con una actividad característica de nuestros paisanos durante siglos. Él todavía nos conecta directamente con el ciclo del trigo, la harina y el pan. Juan Guillén es el último de una lista interminable de maestros molineros que la memoria colectiva tiene que incorporar al rico imaginario alcalareño. Aparte de Juan no encontraremos vivo otro molinero de la vieja escuela, que todavía pasee con exquisita elegancia los muchos apellidos molineros de una familia, en la que sus recuerdos en este oficio llegan hasta finales del siglo XVIII.

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