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Un Perro Andaluz

Mientras dure España

Apuraba el subsidio de desempleo cuando una asalariada del empresario de la educación y a la sazón director del colegio Buen Pastor de Sevilla, D. Joaquín Egea, me telefoneó para concertar una entrevista de trabajo. Más contento que unas pascuas, me puse mis mejores galas y el día de la cita me encajé con una hora de antelación sobre el horario previsto en el barrio de Nervión.

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Con fortuna pasé el examen, empero fui convocado a una segunda interviú para días después, la cual, como me imaginaba, iba a resultar un tercer grado y definitivo asalto. Recuerdo que después del carrusel de preguntas propias de un programa de Jordi Hurtado, Don Joaquín, ya con varios rounds a su favor, dejó de marear la perdiz y fue directo al grano: «Y para usted, ¿qué es España?»; me interpeló, a la par que se fue reclinando sobre el sillón como las fieras cuando se disponen agazapadas en los instantes previos de entrar a matar. Para entonces, a mí ya me había comido la silla y casi pidiendo perdón se me escapó un suspiro: «¿España?». Pregunté para ganar tiempo y hacer una composición de lugar. Porque, además, de forma incontrolada y rutinaria, al oír esa palabra, sin remedio, a la cabeza me vienen siempre estrofas completas de la canción Maldito país, de Eskorbuto.

En fin, una vez repuesto solté la milonga del sempiterno problema del «ser de España». Me arranqué con el regeneracionismo y sin apenas respirar continúe con Ortega y lo fundamental de su España invertebrada. Enfatizando, bien es verdad, su «proyecto sugestivo de vida en común». Generalidades de manual aprendidas de memoria. Pero hice luego una breve pausa, para pensar y sin proponérmelo crear expectación. Entonces, en clave melodramática, casi compungido mas muy solemne, unamunianamente, exclamé «me duele España» con lo que creo me lo gané. Aun así, tuve tiempo para entretenerme sobre la conocida polémica entre Claudio Sánchez Albornoz y Américo Castro hasta que, incorporándose del butacón, me dijo: «ya es suficiente» y me felicitó.

Como es de bien nacido ser agradecido guardo un respetuoso recuerdo del Sr. Egea, pero si en lugar de esa España «del más allá» hubiese dicho lo que siento de «la de más acá» mucho me temo me hubiera negado el pan y la sal…

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Vicente Rus

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