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No saldremos mejores ni más sabios de esta, estamos más programados para la irresponsabilidad…que para la asunción civilizada de pautas.
Parte del daño infligido por el bicho ha sido causado o empeorado por gestiones inadecuadas, miopes o directamente insensatas de la crisis en sus distintas etapas. Mal momento y circunstancia para enfrentarse a una crisis descomunal armados de demagogia o insolvencia. Otra parte nada desdeñable del daño corre a cuenta del comportamiento irresponsable de mucha gente, más dispuesta a los gestitos coreografiados que a proteger y a protegerse sacrificando pequeñas parcelas de libertad.

Hay también lecciones positivas de nuestra pelea con la pandemia. La dedicación, profesionalidad y sacrificio de muchos profesionales sanitarios paliaron el desastre durante la primera ola. Su trabajo estuvo y está muy por encima de las dotaciones con que se les equipó y del trato profesional que les dispensamos como sociedad.

Otra lección positiva la han dado y la siguen dando muchos alumnos de colegios e institutos que aprovecharon el confinamiento para trabajar mucho y bien a pesar de la que se les vino encima. También muchos otros aprovecharon el confinamiento para todo lo contrario, pero ni fue una sorpresa ni merecen espacio y atención aquí. En la actualidad, gran parte del alumnado está afrontando con coraje estoico, con un par, las bajas temperaturas en las aulas, la incomodidad, el desconcierto presencial/virtual. Cada vez que doy mis clases en aulas hiperventiladas, frías, con alumnos aguantando el tirón envueltos en mantas, sin lloriqueos, sin meter la pata…se me queda pendiente homenajearlos y agradecérselo.

Saldremos de esta algún día, y al menos algunos de nuestros jóvenes habrán aprendido a apretar los dientes y afrontar las dificultades, algo que a veces nuestra sociedad y nuestro sistema educativo, insensatamente, no les inculca.

Por Juan Antonio Muñoz.