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Los Pinares de Oromana han sido, desde hace muchas décadas, un sitio ideal tanto para vivir como para pasar unas horas de asueto. Muchos veníamos, ya desde jóvenes, a pasar un domingo en el campo, e incluso cuando teníamos ya algún hijo. Algunos nos enamoramos tanto de este lugar, que cuando tuvimos que incrementar nuestro espacio vital por el número de familia (¡y pudimos!), decidimos venirnos a vivir a esta zona. Seguramente, habrá a quienes no les costó demasiado esfuerzo. A otros, nos costó muchísimo trabajo poder culminar este sueño. En nuestro caso, recuerdo que tuvimos que afrontar simultáneamente hasta 8 préstamos distintos, de bancos, de centro de trabajo y de familiares, que teníamos que devolver con sus intereses (entonces con tipos de 2 dígitos…). Fueron años duros, pero todo lo compensaba el cambio de entorno vital. Algunos tuvimos que ir, durante toda mi vida laboral, diariamente a trabajar a Sevilla, pero de nuevo las horas de estancia con la familia en este sitio lo compensaba.

Siempre hemos considerado, sin ningún tipo de duda, a los Pinos como los principales protagonistas de esta Urbanización. Yo siempre he dicho que “el que no quiera Pinos, que se vaya de Pinares”, porque los pinos estaban antes que nosotros y deberán seguir estando cuando nosotros faltemos. Y así como los vecinos tenemos que asumir y sufragar los daños que pueden ocasionar estos árboles dentro de nuestras respectivas parcelas, el Ayuntamiento no puede mirar para otro lado y tiene que hacerse cargo de las consecuencias originadas por los mismos en la zonas comunes, calles y calzadas de la urbanización.

Hemos venido viendo que, por parte del Ayuntamiento de Alcalá, la urbanización Pinares de Oromana ha sido la zona eternamente olvidada, tratada de una forma muy desigual con respecto al resto de urbanizaciones y barriadas de Alcalá. Ya, ya sé que a veces algunos alimentan el mito de que aquí los que viven son “unos señoritos privilegiados” lo que, además de ser falso, porque aquí vivimos gente de muy distintos perfiles e, incluso aunque fuera verdad, todos los ciudadanos de Alcalá merecen tener un trato equilibrado con respecto a sus problemas. Y eso no ha ocurrido prácticamente nunca con Pinares de Oromana (cualquier dato comparativo que se utilice seguro que lo demuestra).

Por ello, creemos (al menos yo lo creo) que ya no podemos, ni debemos aguantar más. Que debemos pedir, respetuosa pero firmemente a nuestro Ayuntamiento, que se tome en serio los problemas de nuestra urbanización y que se remangue para, junto con la Junta Directiva de nuestra comunidad y, si hace falta, con vecinos de la misma, elaborar y consensuar un Plan Estratégico que permita acometer ordenadamente los problemas que hoy día atañen a esta urbanización.

Entendemos que dicho plan debería comenzar por identificar exhaustivamente el catálogo de problemas y de cuestiones a resolver (por citar algunos: el estado de las calzadas y de las aceras de nuestro viario, la contaminación acústica, la iluminación/luces de las farolas, la recogida de los residuos sólidos urbanos, el estado de los contenedores de basura, la seguridad, la limpieza de las calles, el control eficaz de la procesionaria, deficiencias del tráfico y su señalización, etc.) y ver que no todos tienen la misma entidad económica, ni los mismos requerimientos de tiempo para poder solucionarlos.

Una vez hecho este diagnóstico, habría que fijar un periodo temporal que, en mi opinión, debería de ser de entre cuatro y cinco años, incluyendo 2021, en el que progresivamente fuéramos avanzando, hasta poder homologarnos con cualquier otra barriada/urbanización.

Si se nos ignora en el presupuesto de gastos de la Corporación municipal, se nos tendría también que ignorar en el presupuesto de ingresos, lo que ni queremos ni proponemos, entiendo que por ninguno de los vecinos.

Estamos dispuestos a corresponsabilizarnos con este proyecto, pero en ningún caso a esperar por más tiempo. Ya hemos esperado demasiado. Porque vemos que se está empezando a convertir Pinares de Oromana en un sitio no recomendable, incluso para nuestros familiares y amigos, para venir a disfrutar de lo que otros tenemos al alcance de la mano.

No solamente podemos y debemos presumir de Pinares de Oromana; tenemos también que asumir las circunstancias menos deseables y convertirlas en oportunidades positivas. Por todo ello, desde la urbanización estoy seguro de que, al igual que yo, otros muchos vecinos ofrecemos nuestra mano tendida al Ayuntamiento para compartir las soluciones a una preocupación que entendemos es común.

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