A usted, hoy en caliente le digo: ¡váyase a su casa! En otro momento se lo repetiré con la frialdad del hielo, quizás menos que la suya, cuando el 15 de marzo materializó un acto de felonía contra víctimas de horrendos crímenes o execrables violaciones múltiples.
Contra sus deudos. Con los tres millones de españoles que con sus firmas trataron de evitarla, y que exhibiendo una actitud nada democrática ha despreciado. Con tantos españoles de bien que, sin firmar, deploraban su conducta, entre ellos muchos sensibles socialistas. A ellos pido encarecidamente nunca le otorguen su voto.
No olvidaremos lo que han votado los diputados de este PSOE suyo, que en nada se parece al que otrora fuera grande, porque grandes eran los que lo dirigían –aunque también tuvieran sus errores–, a los que hoy desprecia ninguneándoles. Usted nunca será un émulo del señor González. Su sentido de estadista lo tiene en los calcañales.
Para mí es fácil describirle, Sánchez. Lo haré sin acritud, porque usted me es indiferente desde que, sin respeto alguno, ante las cámaras de televisión, insultó al todavía presidente del Gobierno.
Sánchez, entérese, que al político los ciudadanos le exigimos cortesía y juego limpio.
Tras su espantada, sigue políticamente siendo el mismo. No ha madurado. Va al salto de mata y usa de la más rancia demagogia. Debería hacerse revisar su fijación contra el señor Rajoy. No hay nada que su Gobierno haya hecho con un plus de acierto que no trate –para ello alineándose con «otros»– de tumbarle. Por el contrario, se crece en su crítica cuando lo hecho es dudosamente acertado. Pero nunca nos ofrece con seriedad y rigor lo que usted haría en su lugar, si fuera presidente.
Con mi voto no lo será. Y me trae al pairo si lo llega a ser o no. Tiene usted mucho que hacerse perdonar y poco por lo que aplaudirle en su acción política.
Con un gobierno en minoría, usted como secretario general, sin ser jefe de la oposición, está desperdiciando la oportunidad, no de tumbar leyes por simple revanchismo, sino el debatirlas para manifiestamente mejorarlas. O proponer las suyas si con ellas se optimizan determinados servicios o necesidades. Pero ¿realmente las tiene?
Pedro Sánchez, en esta nueva etapa de jefe del partido, sigue sin enmendarse. No tire por la borda los más de cien años del PSOE. ¡Váyase a su casa!

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Sócrates

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