Algunos podrían pensar que se trata de una instalación de vanguardia, un torpe remedo de La fuente, de Marcel Duchamp. Pero no. No se trata de arte, sino de un triste acto de vandalismo más, de los muchos que se pueden ver en Alcalá y que este periódico recoge continuamente en su sección “¡¿Alcalá Bonita?!”

Ha ocurrido en la zona norte de la ciudad, concretamente en la calle Pablo Picasso. Al nombre del genio malagueño en el rótulo de la calle tampoco se le puede achacar la inspiración de quienes hayan hecho esto. Todo es más prosaico. Un inodoro roto, encajado en una papelera, no tiene más lectura que la de la vergüenza cívica.