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El Museo acoge la exposición ‘Rafael Luna. Vivir para contarlo’, una antología con la obra de uno de los pintores más originales que ha dado Alcalá de Guadaíra, Rafael Luna ‘Fafi’. La expectación generada por la muestra, dentro del Ciclo Autores Alcalareños, se vio colmada por el emotivo acto inaugural y la riqueza de la colección, que puede visitarse en la planta alta de la instalación expositiva alcalareña hasta el 2 de noviembre.

En el décimo aniversario de su adiós Rafael Luna estuvo presente gracias a la huella indeleble de su obra y de su persona. El acto inaugural, que para garantizar la seguridad por covid 19 tuvo lugar en la explanada exterior del Museo, se abrió con semblantes del pintor a cargo de amigos como Olga Duarte y Lauro Gandul. Su sobrino, Manuel Álvarez, agradeció al Ayuntamiento y al Museo la dedicatoria a Fafi por venir de la ciudad que “le vio nacer a la vida y le vio nacer al arte”. Explicó que el título de la exposición está inspirado en la letra de una de las canciones de Sabina, con quien Fafi guardaba gran parecido físico. “Los pintores, los escritores, permanecen y siguen viviendo con nosotros a través de sus obras”, remarcó.

Rafael Guillermo Álvarez García (1952-2010) fue conocido como Rafael Luna en su pintura y Fafi entre los amigos y familia. Su vida artística abarcó desde su niñez hasta su muerte. Obtuvo la licenciatura en Bellas Artes en la Ècole Supérieure d´Arts Plastiques de París, ciudad donde vivió desde 1975 hasta 1988, año en el que regresó definitivamente a Alcalá de Guadaíra, donde había nacido.

Destaca su personal lenguaje plástico, con el que se desenvolvió principalmente a través de las series de objetos que reitera en diversas formas y expresiones: máquinas de escribir, bibliotecas, sillas de barbería, giraldas. También en sus particulares versiones de cuadros de Murillo, Ingres, Velázquez o Goya, realizando variaciones surrealistas donde se sitúan en la misma escena personajes correspondientes a distintos cuadros fundamentales de la Historia del Arte: Las Meninas, La familia de Carlos IV, El aquelarre o El baño turco. No siguió la tradición pictórica de su ciudad de origen, centrada en el paisajismo rural con connotaciones bucólicas, sino que su paisajismo es urbano, algo caótico o a punto de desaparecer, ampliando así el panorama pictórico de Alcalá.