Hazte socio/socia del periódico y apoya el periodismo independiente y crítico en Alcalá

Nuevo diseño del logotipo de La Voz de Alcalá

Súmate a los canales de alertas móvil de La Voz de Alcalá. Estamos en WhatsApp y Telegram. Entra y entérate de todo al instante.

El fotógrafo francés tomó la imagen aproximadamente entre los años 1860 y 1862

A lo largo del siglo XIX, la afluencia de pintores españoles a Alcalá de Guadaíra, atraídos por sus paisajes, tuvo una gran importancia, de tal forma que se acuñó La escuela de Alcalá de Guadaíra. Un importante acontecimiento fue la construcción de la vía férrea que unía Sevilla con Alcalá, que permitió la visita de numerosos pintores y artistas, tanto españoles como europeos. Las riberas del río, el castillo y los molinos fueron los elementos más significativos del paisaje alcalareño. Pero no solo pintores visitaron Alcalá. También importantes fotógrafos captaron numerosas imágenes del paisaje y el Castillo.

Entre estos, destaca Luis Masson por ser el autor de la fotografía más antigua que se conoce de Alcalá –fechada entre los años 1860 y1862–, una imagen que descubrió La Voz de Alcalá gracias al alcalareño Antonio Gavira Albarrán, quien facilitó una copia tomada desde San Roque y que reprodujo parcialmente el periódico en las postales. En ella se aprecia el molino de La Tapada, el río, el puente, las laderas del castillo y el Águila. Una fotografía histórica antes de construirse el ferrocarril y que descubre, al final del puente, a la izquierda de la imagen, una pequeña casilla llamada pontazgo —de puente—. Según la definición de varios estudios y enciclopedias, son los Derechos que se pagan para pasar por algunos puentes. (Diccionario Educalingo).

El derecho de pontazgo fue un tributo cuyos orígenes se encuentran en la Edad Media en toda Europa y por el cual aquellas personas que cruzaban un puente pagaban una cantidad, en forma de lo que en la actualidad se conoce como arancel o peaje, en función del lugar de su residencia, su número y los bienes que portaban al paso. Durante el feudalismo constituyó un instrumento de financiación de los nobles en las tierras de su propiedad y que los vasallos debían pagar. Aquellos que residían en el señorío, o estaban exentos o pagaban cantidades reducidas; sin embargo, quienes procedían de otras tierras debían satisfacer cantidades mayores. Con la progresiva desaparición del régimen feudal, el pontazgo se redujo al pago del tributo en los puentes de las grandes vías que comunicaban las poblaciones, quedando fuera de su ámbito aquellos ubicados dentro de las ciudades, salvo excepciones. Otra forma de cobrar tributos era el denominado portazgo, que se hace a través del terreno.

Este pontazgo estaba ubicado en el lugar estratégico de paso para salir de Alcalá en dirección a Cádiz y los puertos.

En un extenso y documentado estudio realizado por Carmen Rodríguez González y Rosa María González Martínez, Hacia la estatalización de los impuestos sobre el tráfico en España (1745-1844), donde se hace un análisis del tráfico a través de documentación sobre portazgos, pontazgos y peajes en el siglo XVIII y XIX. Sobre los derechos de tránsito cobrados inicialmente sobre el tráfico de personas, mercancías o animales al objeto de mantener y asegurar la infraestructura que lo hacia posible. Carlos III, en 1784, dictó unas reglas para la decisión e instrucción de expedientes sobre pontazgos, portazgos y barcages.

En las carreteras o puentes donde se cobraban estos impuestos, muchos de ellos estaban administrados por el Estado, otros, en cambio, estaban arrendados a particulares.

En la carretera general de Andalucía (Madrid-Cádiz, por Córdoba y Sevilla), existieron numerosos portazgos y pontazgos. El Estado asumió 14 de 21, cediendo siete —los menos productivos—, en arrendamiento. Entre estos siete se encontraba Alcalá de Guadaíra, cuya identidad del asentista era Agustín Bono, que tenía arrendado el pontazgo por una duración de tres años y una recaudación de 10.000 reales de vellón. Aunque la persistencia de estos gravámenes fue objeto de severas críticas que la consideraban un estorbo para el desarrollo de la circulación por el interior del reino, al encarecer la conducción de los productos de primera necesidad, el Estado no quiso renunciar a una lucrativa fuente de ingresos.

Volviendo al fotógrafo Luis Masson, en el libro Descubriendo a Luis Masson, fotógrafo en la España del siglo XIX, de Juan Antonio Fernández Rivero y María Teresa García Ballesteros, se descubre su biografía y se reproduce la foto mencionadas. Nació el 31 de julio de 1825 en Francia y llegó a Sevilla en 1858. En 1860, aproximadamente, fotografió el castillo y el paisaje alcalareño desde San Roque con el río, el molino de la Tapada, el puente, el castillo y el Águila, posiblemente siendo la fotografía más antigua de Alcalá ya que no se aprecia el trazado del ferrocarril. Lo más interesante es la casilla que se aprecia al final del puente, a la izquierda, denominada pontazgo. Una fotografía histórica de Alcalá que quizás merecería un estudio más pormenorizado de su contenido, de la época en que se tomó y de la vida alcalareña de aquel tiempo.

Enrique Sánchez

Enrique Sánchez

Director de La Voz de Alcalá desde 2000. Fotoperiodista de la Agencia EFE y diversos medios como ABC, El Correo de Andalucía y la revista Triunfo.

Deja un comentario