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Dania Mellado actúa como cuentacuentos con la compañía Danza Mobile. D.P.M.
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Dania Mellado: pasión, constancia y superación con ritmo flamenco

Dania Mellado tiene 29 años y una energía inagotable, contagiosa. Polifacética, pero enamorada sin remedio del baile flamenco, esta alcalareña es la primera cuentacuentos de España con síndrome de Down.

Desde que tenía apenas cinco años su corazón ha latido con sones de baile. En concreto, de flamenco. Su familia apenas se lo explica: no lo lleva en la sangre, ni lo ha heredado en forma de genes con volantes y tacón. Simplemente, un día, brotó. Cuando habla sobre ello sonríe con fuerza y aprieta la mano junto al corazón: «Me sale de aquí, de aquí». En cualquier caso, la afición por la música y el baile que la ha rodeado a lo largo de su vida ha quedado en nada en comparación con su talento. Y es que todos lo dicen: Dania es arte por los cuatro costados.

Ha bailado en televisión varias veces, acompañando a concursantes que se presentaban en el conocido formato Yo soy del sur, y, de alguna forma, incluso las miradas del jurado que debía evaluar la actuación de los cantantes no podían evitar quedarse prendidas en ella.

Dedicación, esfuerzo, constancia

No es solo pasión: Dania no tiene excusas. Dos días por semana practica durante horas en su academia, el Estudio de Danza y Flamenco Hermanas Villaú. «Las oportunidades hay que trabajarlas», asiente. «Cuando llego a casa estudio o practico una y otra vez lo que no me haya salido en los ensayos. Si no, no se llega a ningún lado». Su familia es testigo de ello: si un paso no le sale como quisiera, se lo lleva a casa hasta domarlo y hacerlo suyo. Lo practica una y otra vez en su habitación y, después, busca también tutoriales para aprender nuevos estilos de forma autodidacta, porque para Dania nada es nunca suficiente. Lleva bailando desde los cinco años, y no solo flamenco o sevillanas. Se atreve con la salsa, la bachata, con ritmos de tango… Todo es poco para un corazón que es feliz al ritmo de la música.

Otros dos días semanales los dedica a trabajar con la compañía Danza Mobile. Con ella, Dania hace teatro, cuentacuentos, toca instrumentos o participa en eventos de biodanza. Con una memoria envidiable, aprenderse un guion no le resulta complejo. Después de participar en un curso de formación donde se dio contenido relacionado con biología, memorizó todo lo que pudo encontrar sobre anatomía, hasta dejar impresionados a los profesores sin siquiera pretenderlo.

Así es Dania: no pasa por la vida de refilón, siempre deja huella. A la vez, se impregna, absorbe sensaciones, experiencias, conocimientos; disfruta de cada aventura sin dejar por ello de implicarse al máximo, de poner esfuerzo y tesón de su parte para sacar continuamente lo mejor de sí misma y de los que la rodean.

 

De la ROSS a la Bienal

Cuando actúa no tiene vergüenza ni timidez. Respeta demasiado lo que hace como para dejarse enredar en esos momentos con otras preocupaciones. No se puso nerviosa cuando la invitaron a participar en varios espectáculos con la ROSS, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, o cuando le dijeron que bailaría en televisión, para toda Andalucía. Tampoco cuando lo hizo en la Bienal de Flamenco o en el concurso nacional de baile que sus compañeras y ella quedaron muy cerca de ganar. Menos aún cuando tiene que declamar, cuando interviene en presentaciones de libros o en los espectáculos de cuentacuentos en los que participa, con los que ha recorrido diferentes centros cívicos llevando un mensaje de inclusión, respeto y solidaridad bajo un pequeño universo portátil de colores y fantasía.

Calidad humana

Su dedicación y capacidad de trabajo no es lo único que la caracteriza. Dania es la clase de persona que aprende sin pensarlo dos veces lenguaje de signos para comunicarse mejor con una compañera con discapacidad auditiva y poder así echarle un cable en lo que necesite. También la que interviene si sus compañeros tienen una disputa para tratar de calmar los ánimos, la que ayuda a todo el que se lo pide y a quien no, la que todos se sienten orgullosos de tener cerca porque hace más bonito el mundo de quienes la rodean.

Es siempre su madre, Margari, quien cuenta estas anécdotas, porque para Dania son algo cotidiano, que no merece mención. Ella prefiere seguir hablando sobre cómo la música la hace feliz, los planes que sigue tejiendo con su compañía para el próximo curso o los últimos estilos de baile en los que se ha interesado.

Polifacética

Fiel a su forma de ver la vida, nunca rechaza una oportunidad, nada le da miedo. Tampoco se queda sentada a esperar que lleguen: Dania permanece siempre en continuo movimiento. Como le gusta el deporte, lleva un tiempo practicando pádel adaptado; forma parte también del grupo joven de la Hermandad del Perdón y recorre con ella la ciudad cada martes santo; hace radio… Se deja invitar a cada aventura, a cada «¿te apuntas?». De alguna forma saca tiempo para todo. Una de sus últimas andanzas la ha vivido subida a una pasarela, porque ¿por qué no? Dania es cada día una Dania nueva, que sabe más de sí misma, de lo que ama y de lo que la hace feliz, de lo que le divierte, de cómo crecer, de cómo superarse y de cómo superarse la hace crecer. Y es que, si una palabra puede llegar a definir a Dania, esa es superación.

Hace unos meses la invitaron al evento que realizó su instituto, el Monroy, con motivo de su cincuenta aniversario, junto a otros profesionales destacados en diversos campos que compartieron aulas y de los que ahora estas se sienten orgullosas. Lo que la directora buscaba al invitar a Dania, sin embargo, no era una lista de sus éxitos laborales. Aunque Dania habló, al igual que el resto, de su trayectoria y sus logros, lo que todos escucharon fue una historia sobre cómo ignorar por completo cada idea preconcebida que pretenda limitarnos. Una historia sobre cómo trabajar cada día no por ser mejor que nadie, sino por crear una versión mejor de uno mismo.

Y es que Dania tiene síndrome de Down, pero su capacidad de superación, su calidad humana y su pasión por lo que hace han convertido esa característica en un detalle, apenas uno más, de los que la convierten en una persona excepcional.

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Deborah Pérez Marrodán

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