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Antonio Rodríguez Almodóvar en La Centenaria/ José Luza Boza
Cultura

Rodríguez Almodóvar publica «una historia no autorizada por la tribu»

El lugar de la entrevista lo elige Antonio Rodríguez Almodóvar. La Centenaria le trae recuerdos de infancia. Muy cerca, en la calle Herreros, nació un 12 de abril de 1941; aunque su padre, «panadero asalariado», se empeñó en registrarlo dos días más tarde, para hacerlo coincidir con el décimo aniversario de la República.

Más arriba, El Derribo acogió sus «primeras andanzas y travesuras». Qué mejor sitio, por tanto, para hablar de unas memorias que huelen a pan, exorcizan el miedo de posguerra y remiten a Alcalá y a una familia «sobre las que pesa un manto de silencio».

– ¿Qué más nos vamos a encontrar en este libro?
– La historia del declive de una familia de la oligarquía sevillana, la familia Massa, bien relacionada con los Montpensier o los Medinaceli, que se instala en Alcalá a comienzos del XIX con la desamortización. Entre sus posesiones estaba La Aceña. Por eso este libro empieza con una foto de la ballena de Alcalá, que se encontró en esos terrenos y cuyos restos están en el Museo. He buscado los restos de una historia no autorizada por la tribu.

– ¿Por qué ese declive?
– Por acuerdo tácito de los supervivientes de la familia. Mi tatarabuelo, Manuel Massa, fue alcalde y procurador mayor de Sevilla desde 1814 hasta 1854. Y su hijo, Fernando Massa, llegó a tener rango de «virrey» en Filipinas, fue la máxima autoridad judicial y, durante un tiempo, fue jefe del archipiélago. En mi niñez, esto me parecía una fábula oriental. Fernando Massa tuvo ínfulas de grandeza, intentó conseguir un título nobiliario. Ahí se vino abajo.

– ¿Y por qué el silencio?
– Mi abuela Dolores Massa, nieta del «virrey» de Filipinas, decidió casarse en segundas nupcias con un panadero mondo y lirondo de Alcalá, que tenía una pequeña panadería en la calle Bailén. Cuando el padre de ella se entera, le retira la palabra, la repudia y no vuelve a verla. Es más, no vuelve por Alcalá. Se dice pronto… De ahí vengo yo, de una familia de clase trabajadora obligada a aparentar más de lo que era. Mi padre fue panadero y mi madre, costurera.

– ¿Tuviste acceso a los libros en la infancia?
– En mi casa no había un puto libro, porque mi madre los quemó por miedo. Eran libros de Machado o Lorca, gente peligrosísima. En un descuido de mi padre, los tiró al fogón y les metió fuego. Cómo era el miedo… El jefe de Falange, Francisco Mesa, vivía en la misma casa de vecinos. Luego, en ese fogón, yo ayudaba a una familia de carniceros a apretar chicharrones.

– ¿De dónde viene entonces tu pasión por la literatura?
– De niño escuché muchos cuentos de tradición oral, pero de eso me olvidé. Cuando entro en la Universidad de Sevilla tengo la inmensa suerte de ser alumno de Agustín García Calvo, que era admirador del Juan de Mairena, el libro heterodoxo de Antonio Machado; y dentro de esa obra, los capítulos que se le dedican al folclore son extraordinarios. Dice que la verdadera sabiduría la tiene el pueblo y está en el folclore. Ahí empiezo a pensar en los cuentos de mi niñez.

– Se habla mucho de cine en estas memorias…
– Si no llega a ser por el cine, la gente se muere de pena colectiva. Si no es por Rita Hayworth, Joan Craford o Gary Cooper, muchos se habrían suicidado.

– Esta historia se queda en 1983, cuando dejas la política, después de haber sido teniente alcalde del Ayuntamiento de Sevilla. ¿Qué motiva la salida?
– Aquellos años de política municipal, de 1979 a 1983, fueron muy duros, de asedio continuo de la derecha más rancia de Sevilla. Cómo la santa y mariana Sevilla, la Sevilla de Queipo, iba a ser gobernada por la izquierda… Luego me ofrecieron de todo: ir al Congreso, al Gobierno Civil de Granada… Pero dije que no. Yo había entrado por convicción y no por oficio, y ya estaba con Cuentos al amor de la lumbre.

– Hablando de política y cuentos, ¿la Transición fue un cuento?
– Hay muy poco cuento. La Transición es una de las grandes verdades de este país. Después de Lepanto, el hecho más importante de la historia de España. Por ignorancia ahora se le quita importancia. Se proyectan esquemas de hoy. Creer que se pudo hacer más es una osadía imperdonable.

Sobre el autor

José Romero

José Romero

Periodista y guionista. Doctor en Periodismo y Máster en Guión y Narrativa Audiovisual. Interesado en la cultura en (casi) todas sus manifestaciones: literatura, música, cine, artes plásticas...

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