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La Escuela de Alcalá de Guadaíra nace a finales del siglo XIX con la llegada del Realismo. El maestro de esta primera generación de pintores, Emilio Sánchez Perrier, convirtió los paisajes de la apodada «ciudad de las fuentes» en el epicentro de muchas de sus obras.

Amparado por este maestro nace la segunda generación. Es aquí donde se sitúa Luis Contreras Muñoz, que «a pesar del amor que sentía por Alcalá de Guadaíra, no había nacido aquí», sino en Alcalá la Real en 1879. Dueño de una tienda de tejidos que pasó a ser exclusiva de gorras, no será hasta los 30 años cuando decida coger los pinceles. Sus primeras obras serán a carboncillo y firmados por su apellido desordenado: «Rastrekón» o «Rastrecón».

Esta figura, a la que se le debe tanto legado cultural, la rescató Miguel Ángel Cerquera en el II Congreso de Historia y Cultura de Alcalá de Guadaíra. La idea nace en mitad de la búsqueda de temas para su Máster en Patrimonio Artístico Andaluz y su Proyección Iberoamericana, devolviendo a la memoria de los alcalareños los famosos paisajes de su ciudad en otra época.

Sentimiento

A pesar del amor que sentía por Alcalá de Guadaíra, no había nacido aquí sino en Alcalá la Real en 1879.

Su vida artística comienza en 1910, cuando decide abrazar la pintura como su única profesión, participando en muchas de las Exposiciones de Bellas Artes organizadas por el Ateneo de Sevilla, la primera vez en 1918 con cuatro acuarelas y la última en 1930 con otras dos acuarelas de la Puebla de los Infantes.

El camino de enriquecimiento cultural que trajo Contreras comenzó con la organización, junto a Luis Cotán, de tres exposiciones de pintura coincidiendo con las fiestas de Nuestra Señora del Águila, en 1922, 1923 y 1925. El primer año de estas exposiciones coincidió con una muestra de 28 acuarelas del propio Contreras en Sanlúcar de Barrameda.

Es en estos años cuando nace además la publicación Oromana, una revista quincenal dedicada a la literatura y la cultura. Entre sus publicaciones había artículos que tenían como autor al propio Luis Contreras que también fue el pincel detrás de algunas de las ilustraciones, dibujos y acuarelas que enriquecieron la publicación. La inspiración de muchos de sus escritos la encontró en el «Bar de Firmo», al que asistía asiduamente para participar en las tertulias culturales que allí se realizaban.

Tras 20 años de carrera, alcanza la fama en 1930 exponiendo 62 acuarelas inspiradas en los paisajes de Alcalá de Guadaíra en la Real Sociedad Económica de Amigos del País. El pintor andaluz pasó entonces a ser internacional consiguiendo exponer sus obras en Argentina, Uruguay y Colombia. Se abre ante él un nuevo mercado para expandirse.

En 1938 fallece justo antes de terminar su exposición de más de 200 obras en el Gran Casino de Buenos Aires, dejando un gran legado artístico a sus espaldas.

Paisajes

Alcanzó la fama en 1930 exponiendo 62 acuarelas inspiradas en los paisajes de Alcalá de Guadaíra.

Sus obras al óleo pasan desapercibidas por su escasez. «La técnica no muestra gran virtuosismo, con pinceladas muy amplias y pastosas, que muestran porqué se especializó en la acuarela». Esta segunda técnica fue su gran aportación, sus obras se cuentan por cientos y dejan ver claramente su gran virtuosismo.

La naturaleza y la vegetación eran elementos recurrentes en sus pinturas, se pueden apreciar en Huerta de El Algarrobo en Alcalá y Casa de las Aceñas. El castillo también aparece una y otra vez desde distintas perspectivas, como en Ruinas de San Miguel, Las siete revueltas, Murallas y Torre del foso. Algunas de ellas parecen incluso continuarse y formar una vista panorámica de la fortaleza.

Alcanzó una gran fama en vida que fue creciendo tras su muerte. De manera póstuma, sus obras fueron las protagonistas de la portada de la Revista de Feria de Alcalá, que también usó algunas de sus acuarelas del castillo para ilustrar artículos. Por su gran aportación a la cultura de la ciudad, en 1970 el Ayuntamiento de Alcalá inauguró un nuevo galardón en las Exposiciones Nacionales de Pintura para aquellas pinturas con temática alcalareña al que llamó «Premios Luis Contreras».

El hecho de que sus obras estén tan repartidas en colecciones privadas en Alcalá se debe a que, tras morir, su viuda subsistió vendiendo sus obras, las entregaba como moneda de cambio. Esto propició que en los años ochenta fuese muy común regalar las obras de este pintor en las bodas celebradas en la ciudad, llenando las paredes de este pueblo sevillano de molinos, ríos y calles de una vida pasada.