«Una parte de la ciudad vive en una Alcalá que ya no existe»
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«Una parte de la ciudad vive en una Alcalá que ya no existe»

En la panadería que su familia regentaba en Torreblanca se leían todos los días los periódicos que se editaban en Sevilla. En torno a 1975, muchos de los clientes eran del PCE, a través de los cuales Mundo Obrero también caía en sus manos. La prensa formó siempre parte de la vida de José Antonio García Cordero, un fotoperiodista alcalareño que ha recorrido toda la geografía andaluza cámara en mano retratando la realidad de esta sociedad con una mirada intuitiva, una percepción íntima e instantánea de lo que acontecía delante de él. Tuvo contacto con la imagen desde pequeño en el cinefórum Claudio Guerin en los Salesianos, donde grababan cortos en Super 8. Con unos «ahorrillos» se compró su primera cámara y pronto surgió el Alcalá Semanal. En este periódico local realizó su primera incursión en el fotoperiodismo, sin embargo continuaba ganándose la vida en la panadería familiar hasta que dio el salto a El Correo de Andalucía en 1988. Reconoce que en la fotografía encontró «una capacidad de síntesis» para contar historias que no hallaba en las palabras.

–¿Cómo era la ciudad que comenzó a fotografiar para el Alcalá Semanal?

–Muy diferente a la de hoy. Estaba cambiando como toda la sociedad española. Estaba por hacer.

–¿Había más conciencia social?

–Creo que hoy hay más. La sociedad civil está más movilizada. Entonces había muchas movilizaciones, pero no estaba tan fragmentada como hoy. La gente se movía por cosas más genéricas. Los intereses no son tan globales. La sociedad se articula más por pequeños grupos de interés y los intereses están más atomizados.

–¿Y el carácter de la gente?

–Es uno de los hándicap que hay en Alcalá. Hay una parte de Alcalá que vive en una Alcalá que ya no existe. Eso lleva a la melancolía. Todos vivimos anclados en la época en la que hemos sido más felices, en la infancia. A mí la Alcalá que me gustaba era la de hace 40 años, pero no porque fuera mejor, sino porque el que era diferente era yo. Somos nosotros los que cambiamos y seguimos pensando en esa ciudad idílica, que nunca ha existido, pero que nos trae buenos recuerdos.

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–¿Y después del Alcalá Semanal?

–Pasé por emisora municipal y luego unos seis meses por El Correo de Andalucía haciendo una sustitución. En diciembre del 89 me llamaron de El País.

–¿Quién le lleva a El País?

– Pablo Juliá, director de fotografía de El País Andalucía, necesitaba a alguien y fue Eduardo Abad, fotógrafo de EFE, quien le dijo que había «un chaval» en El Correo que tiraba muy bien.

–¿Era a lo más que se podía aspirar en Andalucía?

–Yo no me lo creía. Alucinaba. Te codeabas con mucha gente y aprendías mucho. Es fundamental estar dentro de una redacción y eso hoy no pasa. Cuando Soledad Gallego volvió a El País destacaba la formación que se daba dentro de una redacción. Allí escuchas hablar de sociedad, de deportes, de cultura… Te va enriqueciendo y te da otras perspectivas. Absorbías como una esponja. Hoy mandas el trabajo desde tu casa y te aíslas.

–¿Qué problemas ve en el periodismo?

–No hay esa inteligencia colectiva. Vamos a lo estético y eso se ve mucho en la fotografía. Técnicamente es infinitamente mejor que la que se hacía antes, pero ¿me está contando algo? En la prensa escrita pasa tres cuartos de lo mismo. Se han puesto de moda buenas plumas que no te dicen nada.

–¿Vale más una imagen que mil palabras?

–Vale si la imagen es buena. El fotoperiodismo ha cambiado porque el formato ha influido en la manera de contar las cosas. En papel el espacio es finito. Hoy día es más fácil porque en la web puedes poner una fotogalería y puedes desarrollar la historia. En mi archivo me estoy encontrando con muchas fotos que no se publicaron y que completarían la historia.

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–¿Qué joyas se está encontrando en la digitalización del archivo?

–Nada en concreto. Es el concepto del paso del tiempo. Me doy cuenta de que ahora, que parece que todo ha cambiado, las cosas han cambiado muy poco. Puede que la política esté más encanallada.

–¿Cuáles eran las claves cuando salías con el periodista a hacer reportajes?

–He tenido libertad, pero es un trabajo de equipo. El fotógrafo daba credibilidad a lo que se estaba haciendo.

–¿El periodismo y el fotoperiodismo están en crisis?

–La crisis de la prensa es muy general. Cambio de modelo económico y tecnológico. El paso a Internet había que transitarlo y nadie sabía cómo hacerlo.

El País siempre ha tenido una línea progresista muy cercana al gobierno del PSOE en Andalucía, ¿le influyó en su trabajo?

–Los medios tienen ideología y se transmite en los editoriales, pero la verdad no se puede enmascarar. Que El País era progresista, pues sí.

–¿Cómo era la relación con el poder?

–Pues cuando había que criticar se criticaba, con el consiguiente cabreo del poder, y cuando no había que criticar pues no se criticaba. Tanto de un partido como de otro, las quejas eran constantes. Al que está en el poder nunca le va a gustar la crítica.

–¿Con qué te quedas de la etapa de El País?

–Con conocer Andalucía y el norte de África, pero sobre todo con el enriquecimiento personal y con las experiencias. He conocido desde premios Nobel hasta artistas de fama mundial. También personas desconocidas con mucha calidad humana.

–¿Qué historia le ha impactado más?

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–Mataron a una chica en Puerto Real y su padre trabajaba en la Armada. Fueron dos amigas y no eran personas marginales. En el seguimiento de la información, llamamos al porterillo donde vivían los padres. No pensábamos que iban a abrir. Mi compañero Santiago Fernández Fuerte se presentó y el padre dijo «sube». Cuando abrió la puerta, alargó la mano y le dio las gracias. «Lo que ha escrito usted de mi hija es la verdad». La niña era tan buena que las compañeras la mataron por envidia. Esta es de las historias que más me han impresionado.

–Ha fotografiado a personajes como Maradona y Saramago, pero ¿le llenan más las historias de personas anónimas?

–Hay personas que tienen el carácter del mito, pero hay muchas interesantes. Los que cogemos como ídolos son los que más gritan.

–¿Cómo ha sido su etapa el gabinete de Presidencia de la Junta? ¿Más fría?

–En el gabinete no solo se presta un servicio de comunicación, también de documentación. Ese trabajo es patrimonio de Andalucía. Los portavoces nunca me han dicho la foto que tenía que hacer, de hecho, querían que hiciera la misma foto que hacía en prensa.

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Sobre el autor

Francisco Amador

Francisco Amador

Licenciado en Periodismo. Actualmente en Sevilla Actualidad y La Voz de Alcalá. Antes en Localia TV y El Correo de Andalucía.

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