El Corpus Christi volvió a convertirse este domingo en una de las grandes citas religiosas y patrimoniales de Alcalá de Guadaíra. Las calles del centro histórico acogieron una procesión marcada por la participación de las hermandades, los altares instalados para la ocasión y la presencia de numerosos vecinos que acompañaron al Santísimo Sacramento durante su recorrido por la feligresía de Santiago.
La jornada comenzó con la Función Solemne en la Parroquia de Santiago el Mayor. Ya avanzada la tarde, la actividad se trasladó al exterior, donde los preparativos anunciaban una de las procesiones más esperadas del calendario religioso alcalareño. A las puertas del templo se congregaban familias, hermanos y curiosos mientras el cortejo ultimaba su formación.
La cruz parroquial y los niños de Primera Comunión abrieron una procesión que volvió a mostrar la riqueza devocional de la ciudad. Tras ellos fueron sucediéndose los distintos pasos que integran el cortejo del Corpus alcalareño. Santa Clara, San Mateo, San José y la reliquia del Beato Agustín de Alcalá recorrieron las calles del casco histórico entre muestras de respeto y recogimiento.
Uno de los momentos más esperados llegó con la salida de la custodia del Santísimo Sacramento. Sobre su característico paso, adornado con flores blancas, espigas de trigo y racimos de uvas, el Santísimo avanzó entre el sonido de las marchas procesionales y el acompañamiento de fieles y representantes de las distintas corporaciones de la ciudad.
La imagen ofreció estampas de gran belleza en puntos emblemáticos del recorrido. Especialmente significativa resultó su paso por la Plaza del Derribo, donde numerosos vecinos aguardaban el discurrir de la procesión en una tarde de temperaturas agradables que favoreció la asistencia de público.
Junto a la Hermandad Sacramental de Santiago participaron representaciones de las corporaciones alcalareñas, acompañando al clero local y a las autoridades presentes. Tampoco faltaron los altares instalados por hermandades y particulares a lo largo del recorrido, contribuyendo a crear el ambiente propio de una festividad que trasciende lo estrictamente religioso para convertirse en una manifestación del patrimonio cultural e identitario de la ciudad.
Con la entrada de la procesión en la parroquia, pasadas las diez y media de la noche, Alcalá cerró una nueva celebración del Corpus Christi que volvió a reunir tradición, fe y participación ciudadana, confirmando el buen momento que vive una de las festividades más antiguas y representativas del municipio.
