Las elecciones andaluzas del pasado 17 de mayo destacaron por la alta participación. En esta ocasión subió casi un 7 % respecto a las de 2022, teniendo en cuenta que también ha subido el número de electores. Es decir, más gente podía votar y, en números absolutos y relativos, más gente votó. Esto es siempre una buena noticia, significa que la sociedad está activa, que responde a la llamada de las urnas. De hecho, los principales partidos centraron su campaña en la movilización del electorado, llamando a la participación. El PP no tenía atada la mayoría absoluta y precisaba movilizar a sus votantes para certificarla. Finalmente, ni consiguió la mayoría «suficiente», como le gusta expresar a Juanma Moreno Bonilla, ni más apoyos porcentuales. Quizás en Alcalá pagó cara una campaña errática que activó a la izquierda, principalmente a la que simpatiza con Adelante Andalucía, que rentabilizó «la censura contra una agrupación de carnaval en el día de reflexión». Esta fuerza andalucista se consolida en el panorama andaluz y, pese a no tener una gran implantación en Alcalá, ha cosechado unos resultados excelentes que le permiten soñar con tener representación municipal. Adelante Andalucía también centró parte de su campaña en movilizar al electorado. Los socialistas se enfrentaban a unas elecciones críticas por la situación actual del partido en Andalucía y han resistido el envite. Una candidata desconectada de la realidad andaluza no fue la mejor elección para pelear con Moreno Bonilla. En definitiva, el PP gana pero no arrasa como cabía esperar; el PSOE pierde pero evita el desastre, y Adelante Andalucía dio la verdadera sorpresa a nivel autonómico y local. Por otra parte, Vox demuestra un suelo sólido.

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