Nos habita una fatiguita verdiblanca muy antigua, una suerte de sedimento que el Guadaíra va dejando en los zaguanes de nuestra conciencia de masa madre mientras nosotros, estoicos estáticos, contemplamos cómo el tiempo se envilece en el azud de las esquinas. Los sentidos nos engañan y siempre caemos en el trampantojo de la política, la cual si viene de Estados Unidos, se convierte en «Trumpantojo 2.0», hablamos de Trump, no por temor a las sombras y su lucha contra la luz, sino porque la verdad, cuando es desnuda, no precisa de fe de bautismo. Somos, al cabo, una colectividad adormecida en la heredad de sus propios mitos, celebrando la supervivencia y las migajas que nos dan en forma de empleos fijos o temporales y mal pagados como si fuera una victoria: pan para hoy y hambre para mañana es lo que nos da la manada de sicópatas que están al mando.

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