La imagen que transmite una de las calles más emblemáticas de Alcalá, si no la que más, es dantesca. Casas cerradas, edificios abandonados, solares llenos de escombros y para rematar el espectáculo la necrofilia de la Casa Ybarra, donde los cascos y fotos de los obreros muertos este pasado verano en la rehabilitación, las flores de plástico decoloradas por el sol y los carteles devorados por el agua anuncian la desolación. Solo la Escuela Oficial de Idiomas (EOI) da vida a la cuesta y encima la maltratan. Le prometieron usar el edificio rehabilitado de Villa Esperanza, que se ha convertido en Villa Desilusión, porque ahí sigue cerrado a cal y canto esperando a que un día sea pasto de la vandalización o que vengan unos okupas y trastoquen todos los planes municipales.

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