Ya sé que es una simpleza decir que basta estar vivo para morirse. Pero esa puta costumbre sin vergüenza ni remedio llega, a veces, a destiempo y nos hace mendigar, como un pordiosero, un poquito más. Porque la vida no es una gran aventura, sino una serie –continua- de fracasos solo interrumpida por pequeños e insignificantes momentos de genialidad.

CONTENIDO EXCLUSIVO

Hazte socio. Si ya lo eres y aún no tienes claves pídelas a socios@lavozdealcala.com

Si ya eres socio inicia sesión