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Peatón Por La Otra Acera

La ceguera

Si consultan la Espasa-Calpe podrán leer que: «En la antigüedad pagana, la mayor parte de los ciegos vivían miserablemente. El ciego como todo anormal era abandonado  y aun oprimido bárbaramente, y en todos los casos era considerado como un ser despreciable».

Hay una maravillosa obra de José Saramago titulada Ensayo sobre la ceguera en la que acaece una ceguera total que se expande de manera súbita e inmediata en una ciudad. Los ciegos se organizan para sobrevivir a cualquier precio.

Estos dos párrafos introductorios me sirven para desarrollar la reflexión de esta quincena y todo viene del simple hecho de pasear por nuestro pueblo y de preguntarme si quienes nos gobiernan ven lo que yo veo. Yo, que no estoy ciega, contemplo con interés y asombro, emoción y desazón, admiración y desengaño, muchos espacios, rincones, calles, plazas, parques, jardines, casas, solares,… ¿Es posible que la alcaldesa y sus concejales, incluso la oposición, no vean lo que yo veo? No hace falta ser un lince ni tener vista de búho, que bien sabemos que pueden ver en pleno vuelo un ratón en un campo de fútbol, y teniendo la vista de una persona normal y corriente (con gafas o sin ellas), no ven, por ejemplo, ¿cómo en la calle Orellana los peatones han de bajarse de la acera porque, en el supuesto retranqueo de los solares, han colocado un vallado de zinc hasta dejar una acera mínima?, ¿no ven el solar en plena Plazuela con cables colgando y una espuma amarillenta en las paredes?, ¿no ven el continuo deterioro de la Casa Ibarra o del antiguo cuartel del Derribo? ¿Se han dado cuenta de la cantidad de obras abandonadas que, tras el fin de la burbuja, hemos heredado en el centro como testigos de las tropelías que se hicieron en nuestro pueblo esos años? ¿No han pensado obligar al menos, a quien le corresponda, al adecentamiento y blanqueo de esos adefesios?

Y si por un casual no pasean por este pueblo que, con todo lo dicho, dudo que lo sientan como suyo porque, además, no se les ve por ningún lugar, habrán circulado en coche por una calle San Francisco llena de baches conforme subes hacia la rotonda, o visto cómo se deja que unos pelagatos organicen el tráfico en la zona trasera del antiguo mercado de abastos dejando aparcar al albur y dificultando el giro desde Callejuela del Carmen hacia calle Padre Salvador Acuña.

En fin, que estas muestras me llevan a pensar: ¡Qué desgobierno! ¡Qué ceguera! ¡Cómo se han organizado, estos miserables, para sobrevivir a cualquier precio a costa nuestra!

 

Sobre el autor

María del Águila Barrios

María del Águila Barrios

María del Águila Barrios nace en una casa de vecinos de la calle Sánchez Perrier. Siempre interesada por Alcalá es gracias a sus amigos Lauro y Olga por lo que se decide a colaborar en La Voz de Alcalá. No tiene ordenador y sus textos son manuscritos que amablemente sus amigos pasan a ordenador cada vez que publica en este periódico.

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