El periódico de los veinte duros ha venido a darnos lecciones de periodismo publicando una retahíla de mentiras, a sabiendas de que lo son. Hay que ser muy miserable para hablar de periodismo sin ningún respeto a la verdad e insinuando que estamos vendidos al poder. Se cree el ladrón que todos son de su condición. En fin, que según este señor estamos chupando de la teta pública a cambio de ser dóciles y recibimos tratos de favor con dinero público. Ya podría ir al juzgado para informar en sede judicial. Conoce bien el camino, no tiene pérdida. Sin embargo, prefiere mentir reiteradamente porque, al fin y al cabo, es el camino más rápido para conseguir su objetivo, que no es otro que deteriorar la democracia y ajustar cuentas del pasado. Alcalá acabará pagando las bajezas morales de los salvapatrias que se aprovechan de personajes que viven en la indigencia intelectual y moral. Algunos de ellos excargos públicos cuya única aportación ha sido trincar las asistencias a pleno sin dar un palo al agua. ¡Qué habilidad!
Para dar lecciones de periodismo hay que tener un expediente aseado. Iluso de mí cuando al leer una «noticia» entre ofertas inmobiliarias pensé que merecía la pena tirar del hilo para profundizar en el problema y dar voz al barrio. Hacer periodismo, en definitiva. Y, para sorpresa de nadie, se descubre que el periódico de los veinte duros, junto al títere necesario, aprovecha una legítima queja vecinal para hacer política, no periodismo. El mundo al revés.
No voy a pedir perdón por haberme dejado el alma en salvar este periódico. No voy a pedir perdón por ser amigo de mis amigos. Y no voy a pedir perdón por trabajar con dignidad por la democracia de la ciudad desde estas páginas. La soberanía de este periódico reside en sus socios y a ellos me debo. Conviene recordar en estos tiempos de polarización y mentiras las reflexiones de Ryszard Kapuscinski sobre la profesión. El periodista polaco sostenía que «para ser buen periodista hay que ser buena persona».


